El carácter sésil de las plantas las hace vulnerables a las perturbaciones, por lo que poseer un tamaño poblacional lo suficientemente grande aumenta las probabilidades de supervivencia con una variabilidad genética que no desencadene procesos de deriva genética (Falk & Holsinger, 1991). Este hecho es especialmente interesante en Antirrhinum charidemi, donde la máxima variabilidad genética es intrapoblacional (Mateu-Andrés y Segarra-Moragues, 2000).
Además, en especies autoincompatibles, la presencia de un número elevado de individuos disminuye la posibilidad de cruzamientos fallidos, aumentando así la eficacia reproductiva de la especie (Leimu et al, 2006). Antirrhinum charidemi, a pesar de su distribución irregular en la Sierra de Cabo de Gata, la proximidad geográfica entre las poblaciones, la continuidad del hábitat en la zona, el sistema de polinización cruzada, y el tiempo contínuo de su floración, permiten el intercambio genético entre sus poblaciones a través del polen y/o la dispersión de sus semillas (Mateu-Andrés y Segarra-Moragues, 2000). Debe existir un umbral por debajo del cual, especies autoincompatibles como A. charidemi, sean vulnerables a la extinción, y por tanto el refuerzo de las poblaciones con un número bajo de individuos favorecerá la persistencia de la especie a lo largo del tiempo.
La población del Cerro de la Vela Blanca, en la cual se realizó un proyecto de reintroducción hace treinta años con 40 individuos, está considerada como estable y activa demográficamente, de manera que a falta de datos demográficos del estado de las demás poblaciones se consideran los 150 individuos de esta población como el valor mínimo que deben alcanzar las tres poblaciones donde se plantea el refuerzo.
El refuerzo se realizará con la introducción de un total 160 individuos de 2 savias de A. charidemi en cada una de las tres poblaciones repartidos en tres años consecutivos, para favorecer la permanencia de la clase reproductora. Asumiendo un 50% de mortalidad, el hecho de realizar este refuerzo en tres momentos permite realizar un seguimiento de la actuación para decidir reforzar con mayor número de individuos en caso de ser necesario. Puesto que la diversidad genética es muy baja entre poblaciones, las plántulas introducidas en cada población serán procedentes de semillas recogidas del resto de poblaciones y de la suya propia.
Por otro lado, el refuerzo también irá acompañado de la introducción de 300 semillas pre-germinadas en pelets en cada población, colocadas directamente en grietas. Esta medida será realizada en el primer año asumiendo un porcentaje de supervivencia del 20% de las semillas introducidas (Figura 8).
El carácter sésil de las plantas las hace vulnerables a las perturbaciones, por lo que poseer un tamaño poblacional lo suficientemente grande aumenta las probabilidades de supervivencia con una variabilidad genética que no desencadene procesos de deriva genética (Falk & Holsinger, 1991). Este hecho es especialmente interesante en Antirrhinum charidemi, donde la máxima variabilidad genética es intrapoblacional (Mateu-Andrés y Segarra-Moragues, 2000).
Además, en especies autoincompatibles, la presencia de un número elevado de individuos disminuye la posibilidad de cruzamientos fallidos, aumentando así la eficacia reproductiva de la especie (Leimu et al, 2006). Antirrhinum charidemi, a pesar de su distribución irregular en la Sierra de Cabo de Gata, la proximidad geográfica entre las poblaciones, la continuidad del hábitat en la zona, el sistema de polinización cruzada, y el tiempo contínuo de su floración, permiten el intercambio genético entre sus poblaciones a través del polen y/o la dispersión de sus semillas (Mateu-Andrés y Segarra-Moragues, 2000). Debe existir un umbral por debajo del cual, especies autoincompatibles como A. charidemi, sean vulnerables a la extinción, y por tanto el refuerzo de las poblaciones con un número bajo de individuos favorecerá la persistencia de la especie a lo largo del tiempo.
La población del Cerro de la Vela Blanca, en la cual se realizó un proyecto de reintroducción hace treinta años con 40 individuos, está considerada como estable y activa demográficamente, de manera que a falta de datos demográficos del estado de las demás poblaciones se consideran los 150 individuos de esta población como el valor mínimo que deben alcanzar las tres poblaciones donde se plantea el refuerzo.
El refuerzo se realizará con la introducción de un total 160 individuos de 2 savias de A. charidemi en cada una de las tres poblaciones repartidos en tres años consecutivos, para favorecer la permanencia de la clase reproductora. Asumiendo un 50% de mortalidad, el hecho de realizar este refuerzo en tres momentos permite realizar un seguimiento de la actuación para decidir reforzar con mayor número de individuos en caso de ser necesario. Puesto que la diversidad genética es muy baja entre poblaciones, las plántulas introducidas en cada población serán procedentes de semillas recogidas del resto de poblaciones y de la suya propia.
Por otro lado, el refuerzo también irá acompañado de la introducción de 300 semillas pre-germinadas en pelets en cada población, colocadas directamente en grietas. Esta medida será realizada en el primer año asumiendo un porcentaje de supervivencia del 20% de las semillas introducidas (Figura 8).
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